
En los versos, en las cartas,
en mi piel que sobrevive a tus caricias
aún después de arrancarla.
En la etiqueta del café que cambie por manzanilla
haciendo caso a la taquicardia que me acompañaba
en el desayuno al recordarte.
En aquel poema que con locos trazos escribí
sobre tu espalda para que nunca lo leyeras;
pero para que sintieras corazón
lo que es amar amor a ciegas.
En el cuento de nuestro futuro que escribí
sobre tu piel y se borro al primer regaderazo.
En el papel de mis poemas náufragos
que nunca te llegaron –o que nunca contestaste-.
En la absurda forma de marcharte
sin dejar sobre la mesa ni un recado,
ni las llaves, ni la tarjeta de presentación
con tu dirección para buscarte.
Te quedaste en tinta corazón;
a pesar de tu forma de ignorarme
y en lo extraño de tu olvido,
en mi tinta vives - tú lo sabes-,
te inventé a tinta suelta suspirando,
salpicando el teclado con los besos aún no dados,
con gotas de mis ojos, y con toda mi poesía.
Due® 15junio09
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