
Hay quien parte sin decir adiós
y en ese su partir levantan polvo
que termina por nublar recuerdos
-dos lagrimas-
lodo y después, de nuevo polvo.
Pero no es el que parte el que dicta el efecto,
es el que se queda y llora o atesora su recuerdo
quien decide el sentimiento.
Otros cuando parten, incluso sin decir adiós,
-dos lágrimas o muchas-
hacen de nuestro corazón el cielo;
es ahí en donde anidan,
es el corazón donde hacen su guarida
sin volverse polvo por el resto de los días.
Due® 1Junio09
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