
Era magia pura corazón;
la ropa se entregaba presta
al suelo que la recibía sin pudor alguno,
las sabanas nos esperaban en la cama ansiosa
de levarnos como alfombra de Aladino
a gozar a ojos cerrados
de placeres nuevos nunca repetidos.
Y la luz amor, la luz que respetaba
tus rincones húmedos tan míos
dándole oportunidad a mis caricias
para descubrirlos entre tenues sombras
que brillan con luz propia en cada orgasmo
que se repetía siempre en forma diferente.
Y tus besos corazón,
tus besos que me desnudaban de la piel
para quedarse presos en el alma mía-tuya
y que al tocar mi sangre que hervía
hacían palpitar con fuerza cada parte de mi sexo.
Y el amor, amor, nuestro amor que nos miraba
complacido y sonriente desde aquel perchero
en donde lo colgamos a la entrada para hacer
de nuestras tardes-noches fiesta de placeres
en donde el limite posible era sólo el respeto.
Y el sexo puro compartido en puro sexo
entre tus piernas que sabían con certeza
cada movimiento y adivinando se entonaban
y movían hasta hacer de ello bellas melodías.
Y tu embrujo corazón, el embrujo de hacer
inolvidables esas bellas tardes noches
donde derrochábamos obscenas oraciones
que sabían y se oían como pases de conjuros
de una magia nueva inventada por nosotros
entre carne, amor, e idolatría.
Due® 29Junio09